Educación:

Enseñar y aprender en EL TRIGAL

 

Una nueva experiencia pedagógica Waldorf en un área rural. Una larga historia detrás que nutre a un grupo humano siempre al borde de la dificultad pero siempre acariciando el milagro. Su coordinador, Frank Smith, recordó frente al grabador que…


“Los niños necesitan disciplina para crecer bien. La libertad está en los maestros y en los colegios.”

“¿Por qué cambiar de materia a cada hora? ¿Por qué cambiar de maestro todos los años?”

“La maestra ve al alumno como un ser venido desde el mundo espiritual.”

 

“La plata nunca alcanza, todo parece interrumpirse a cada paso. Pero en el  momento justo la plata siempre llega.”


 

Hace más de treinta años empecé a trabajar en la aviación comercial, en IATA. Y por este trabajo fui enviado a varias partes del mundo. Soy norteamericano, he vivido en Suiza, Alemania, Argentina. Y ya por los años 60, durante una estadía en este país, por casualidad o destino, como quieran llamarlo, tuve conexión con el colegio Rudolf Steiner  de Florida, cerca de la Capital. Mi hija era alumna allí. Hubo un conflicto en el colegio y un grupo de padres sacamos a nuestros hijos del establecimiento y fundamos otro colegio en el año 1967/68. Es la actual escuela San Miguel Arcángel de Villa Adelina. A partir de todo esto entré en el movimiento pedagógico Waldorf  (ver recuadro), y enseñé inglés durante siete años en ese colegio. Y de esta manera  también conocí la antroposofía, que es la filosofía que está por detrás de la pedagogía Waldorf. Bueno, luego fui trasladado otra vez a Europa, y allá seguí manteniendo conexión con el movimiento Waldorf. Al volver a la Argentina en el año 1986, me di cuenta que  la situación seguía igual que antes:  solamente dos colegios, de los cuales el primero ya existía hace más de 60 años. Y me pregunté cuál era la razón. Por qué no había más evolución, más desarrollo, más colegios. Las causas eran, principalmente, la falta de maestros formados en esta pedagogía y, en segundo término, la falta de dinero, de  capital necesario para montar todo un colegio.

Entonces con un grupo de personas nos planteamos realizar un seminario pedagógico Waldorf en Buenos Aires. Desde hace ya diez años ese seminario está formando maestros en este tipo de pedagogía. Se trata de un curso bastante intensivo de tres horas por día durante dos años. Desde aquel entonces el movimiento ha crecido, y ahora existen cinco escuelas sólo en el Gran Buenos Aires. Por supuesto, todas tienen  problemas económicos, pero no tan graves como para interrumpir su funcionamiento.

A diferencia de otras pedagogías, el sistema  Waldorf toma en cuenta prioritariamente la naturaleza espiritual del niño. No digo que es la única pedagogía que lo hace, porque sería muy arrogante atribuirme el conocimiento de todo lo que pasa en el mundo. Pero sí puede decirse que es, en su tipo, la pedagogía más extendida del planeta, ya que existen más de 700 escuelas en numerosos países y en todos los continentes. Si bien todas estas escuelas no tienen fines de lucro, en general son muy difíciles de financiar porque, salvo en algunos países europeos, no cuentan con subsidios estatales y todo depende de cada comunidad de padres. Consecuencia de esto es que estas escuelas sólo son accesibles a una clase media más bien alta, lo cual constituye una limitación social. Por ejemplo, en Estados Unidos existen 80-100 escuelas Waldorf. Si uno mira dónde están esas escuelas, casi todas se encuentran en grandes ciudades. Cuando hallamos una en algún pueblo chico, es porque en los alrededores existe alguna universidad que tiene un cuerpo de profesores interesados en otra forma de educación para sus hijos.

Una excepción a esta regla se da en San Pablo, Brasil, donde desde hace más de veinte años está funcionando una escuela Waldorf en una favela. Esa escuela se formó por iniciativa de una alemana, Ute Craemer (ver recuadro). En este caso, la escuela se financia a través de donaciones, que al principio venían de Europa pero que ahora también provienen de la Municipalidad de San Pablo y  de otras instituciones locales.

Recuerdo que cuando empezamos la escuela San Miguel Arcángel una madre vino a comentar extrañada que todos los niños venían muy contentos a nuestro colegio. Su hija concurría a otra escuela y siempre se enfermaba por cualquier cosa. Entonces le propusimos que la trajera de prueba a la nuestra. Cuando vino, dejamos que la niña se sentase atrás y no le exigimos nada esperando que ella misma se decidiera a responder. Después de quince días levantó por primera vez la mano y participó de la clase. ¿Qué ocurría con ella? Simplemente estaba aterrorizada por la escuela común y en poco tiempo notó la diferencia: ahora podía ser feliz, podía ser ella misma en una escuela.

Las escuelas Waldorf promueven la libertad del alumno, pero esto no significa, como muchas veces se piensa, que no haya disciplina. Los niños la necesitan para crecer bien. La libertad está en que los maestros son libres para enseñar lo que ellos consideran que los niños necesitan. Y los colegios, en la situación más ideal, son libres, en el sentido de que tienen autonomía respecto de la interferencia estatal. Claro, es imposible evitarla totalmente, pero se hace lo posible por conseguirlo.

Algunos principios, por ejemplo. Si la maestra considera al alumno que tiene enfrente todos los días como un ser que ha venido del mundo espiritual, un ser que tiene que vivir su vida en esta tierra para  luego volver a ese mundo espiritual, o sea, alguien que está en un proceso continuo de desarrollo, entonces ese maestro va a darse cuenta que su deber es ayudar a este ser espiritual en su camino de evolución. Así, no va a tratar de impartir información. No va a insistir para que llegue a ser ingeniero o médico o arquitecto o para que gane mucha plata administrando una empresa, sino que va a tratar que se desarrolle como ser humano. Esto no implica que no llegue a ser un profesional en esas áreas. Porque estos niños también llegarán a serlo. Pero la información no es lo principal, sí el desarrollo emocional y espiritual del niño.

Este maestro que empieza en primer grado con los niños, continúa con ellos durante toda la primaria. ¿Por qué cambiar de maestro todos los años? Es bueno para los niños conservar siempre el mismo maestro porque así tienen una especie de segundo padre o madre, y por su parte la maestra llega a conocer a todos los chicos de su grupo como si fueran sus propios hijos. Además, no hace falta evaluar poniendo notas: teniendo continuidad con sus alumnos, una maestra  sabe perfectamente lo que cada uno de sus niños puede rendir o necesitar.

Otra diferencia es que no se cambian las materias de una hora a otra como en la educación normal. En pedagogía Waldorf hay una materia principal, que transcurre durante las primeras dos horas y que se mantiene durante tres o cuatro semanas. Llamamos a estos períodos “épocas” o “bloques”. Así se evita tanto la dispersión de la atención como  la fragmentación de la materia en cuestión, ya sea matemáticas, historia, lengua o geografía. De este modo los chicos pueden realmente sumergirse en cada materia. Y esta concentración por un período relativamente largo tiene su efecto importante.

Junto con las materias clásicas de la escuela primaria también existen materias artísticas y de labores prácticas. Pintura, dibujo, música, movimiento eurítmico, huerta, costura, tejido son tareas que hacen tanto las niñas como los niños. También se enseñan idiomas extranjeros, en lo posible dos desde primer grado. Esto se da con el fin de que el chico vaya relacionándose con la cultura de otros pueblos,  y no para que luego pueda ser más exitoso en su vida laboral.

El niño está en contacto con el arte no sólo por la diversidad de materias artísticas que practica sino porque además su maestro o maestra emplea el arte en la enseñanza. Por ejemplo, para la lectoescritura, que no se inicia ansiosamente a edad muy temprana, empleamos un método que consiste en enseñar letra por letra mediante cuentos que despiertan emociones profundas en los niños. La letra “o” es representada por un relato donde el sol es el protagonista. Esto lleva a realizar dibujos y pinturas con el sol, que se asocia por su forma con la letra “o”. La “ele” puede representarse por medio de olas y cuentos y dibujos alusivos. La “ese” puede asociarse con  hermosas serpientes. Así, juntando imágenes internas, el niño constituye,  con culebras, soles y olas,  cada letra de la palabra “sol”.

La experiencia que aquí estamos iniciando en Villa de Las Rosas, con la escuela El Trigal, es resultado de la inquietud de una madre que se me acercó al seminario en Buenos Aires para ver cómo podía llevar a Traslasierra esta pedagogía. Lo lamento mucho, le dije, pero el seminario está aquí y ustedes allá. Una solución hubiera sido mandar a alguien para que se formara en el seminario, pero esto no fue posible. Mi mujer y yo no conocíamos a este grupo de padres interesados, aunque sí conocíamos esta zona porque ya habíamos venido varios años de vacaciones. Entonces hace dos años nos invitaron a venir y di un cursillo para despertar algo más el entusiasmo. Posteriormente vino de Buenos Aires una maestra a continuar la siembra y así se integró un grupo de padres decididos a iniciar el proyecto. Faltaba conseguir una maestra. Esto también se solucionó porque, recién terminada su formación, Gladys Miranda decidió trasladarse desde Buenos Aires con toda su familia. Ella es ahora la única maestra de primaria y tiene a su cargo once niños entre primero y tercer grado. En el jardín de infantes hay otros quince niños a cargo de dos maestras más.

El predio de la escuela fue donado por uno de los padres. Esta parcela cuenta con una casa, pero el tamaño del edificio es insuficiente para una escuela. Hubo también un abuelo que donó 5000$ para iniciar la construcción de un edificio más adecuado y así, poco a poco, con otras pequeñas donaciones provenientes de Buenos Aires, las etapas del proyecto se van cumpliendo. Ahora estamos esperando contestación de una fundación alemana que da subsidios para escuelas Waldorf en el Tercer Mundo y, principalmente, para el Este de Europa, donde este tipo de escuelas está brotando como hongos. Este es un proceso que yo he vivido hace ya 30 años en la escuela de Villa Adelina: la plata nunca es suficiente y  a cada rato parece que todo se interrumpe. Sin embargo, echado a andar el proyecto, en su momento la plata siempre llega.

 

 

(RECUADRO)

ESCUELAS WALDORF EN SUDAMERICA Y EL MUNDO

En Sudamérica, pedagogos de la Escuela Waldorf dirigen desde hace algunos años proyectos con los niños de la calle en ciudades tales como San Pablo, Santiago de Chile y Bogotá. En Santiago de Chile se trabaja con niños y jóvenes desempleados, a veces drogodependientes, en una de las muchas villas miseria de la ciudad. Un aspecto muy especial de este trabajo lo constituye la asistencia a madres menores de edad y adictas a las drogas. Ellas deben ser impulsadas en la maduración de su personalidad e instruidas en cuestiones educativas. A un mismo tiempo, se han constituido diferentes grupos de convivencia y un jardín de infantes Waldorf.

El Proyecto “Favela Monte Azul”, en San Pablo, recibe desde hace años un reconocimiento mundial. Partiendo de la noción de autodesarrollo, se han podido fundar, conjuntamente con los habitantes de la favela, guarderías infantiles y empresas, como así también institutos de formación cultural y profesional. Esta iniciativa fue propulsada a partir de 1975 por Ute Craemer, licenciada en Lenguas Modernas en  las universidades alemanas de Marburg, Heidelberg y Mainz, quien previamente, entre 1965 y 1967, había trabajado en un proyecto de desarrollo en Londrina, Brasil. Junto a  la escuela hoy día funcionan talleres de formación y un establecimiento sanitario.

Hace algunos años, Federico Mayor, Director General de UNESCO, decía: “El diálogo entre la UNESCO y el Movimiento Waldorf comenzó en un momento en que la crisis mundial de la educación exigía que la comunidad educativa duplicara los intercambios y la solidaridad. Durante la Conferencia Internacional de Educación  –que tuvo lugar en Ginebra en setiembre de 1994 y donde participaron ministros de educación de todo el mundo–,  los participantes tuvieron ocasión de descubrir las experiencias hechas por las Escuelas Waldorf y, entre todos los ejemplos concretos de proyectos pedagógicos emprendidos por Rudolf Steiner, lo que más llamó la atención fue el manejo que tales escuelas hacen en algunas situaciones conflictivas. Es en el marco de las “escuelas asociadas” de la UNESCO, repartidas en 129 países, donde se integran a menudo las innovaciones pedagógicas en el sistema educativo de un país (y muchas) de las Escuelas Waldorf son miembros del sistema de “escuelas asociadas”. El dinamismo que demuestran las Escuelas Waldorf, especialmente en Asia, permite prever que las experiencias educativas realizadas en otros lugares serán compartidas”.